En Atómica Kombucha hicimos las dos cosas: la identidad de la marca y su web.

Y no es lo mismo entrar en un proyecto donde ya hay marca que entrar cuando no hay nada. Cuando no hay nada, cada decisión condiciona diez años de botellas.

El problema de fondo: la kombucha hay que explicarla

La kombucha es té fermentado. Mucha gente no sabe qué es, y de la que lo sabe, una parte lo asocia a algo raro o a una moda cara.

Con lo cual la marca tiene que hacer un trabajo que una marca de refresco no tiene que hacer: resultar apetecible antes de que nadie entienda qué está comprando. Si la primera reacción es curiosidad, se prueba. Si es desconfianza, no hay etiqueta que lo arregle.

La identidad

Un sistema, no un logotipo

Logotipo, paleta, tipografías, tono y reglas de aplicación. Un sistema es lo que permite que el sabor que salga el año que viene se diseñe solo, con parentesco y sin volver a empezar.

Diseñada para el lineal, que es donde se pierde o se gana

Una bebida se juega en una nevera, entre otras botellas, a metro y medio y en dos segundos. Ahí no gana la etiqueta más elaborada: gana la que se distingue de lejos y se entiende de cerca.

Esa doble lectura —bloque de color que llama, información que resuelve— es el criterio con el que se tomaron las decisiones.

La línea de etiquetas

Y con el sistema en pie, las etiquetas de la gama. Que en bebidas es donde la identidad se pone a prueba de verdad: superficie curva, poco espacio, información obligatoria y varios sabores que tienen que distinguirse entre sí sin dejar de parecer la misma marca.

Si cada sabor va por su cuenta, en la nevera no se ve una gama: se ven botellas sueltas.

Y adaptada a quien la lleva

Una identidad no la usa una agencia: la usa el cliente, todos los días, en fotos, ferias y redes. Por eso el trabajo no es imponer un criterio: es entender el gusto y el proyecto de quien está detrás y encontrar el punto donde eso y el mercado coinciden.

Una identidad que el cliente no siente suya acaba sin usarse. Y una identidad sin usar no existe.

La web

Con la marca en pie, la web tenía tres trabajos.

Lo que se lleva de aquí una marca nueva

Si estás lanzando un producto que además hay que explicar, la identidad y la web no son dos encargos: son el mismo.

Hacerlas por separado y con meses de diferencia es la manera más segura de acabar con una marca bonita y una web que no se le parece.

Empieza con Atresfactura

Te llamamos, vemos cómo facturas hoy y te lo dejamos montado. Sin permanencia.

Cuéntanos tu proyecto

Te contestamos en 24-48 h. Una persona, no un correo automático.