Con Mauri no hubo un encargo: hubo varios, y a lo largo de los años. Es de los proyectos que mejor explican cómo trabajamos, porque no empezó con un plan grande sino con una cosa concreta y fue creciendo.
Producción audiovisual: foto, vídeo y dron
Varias jornadas de grabación, incluida una sesión dedicada solo a fotografía de producto.
Y esa merece explicación aparte, porque es de las cosas peor entendidas del oficio: la foto de producto no es «hacerle una foto al bote». Es luz controlada, repetible y honesta. El envase tiene que verse mejor que en la estantería y aun así ser el mismo. Si el cliente recibe algo distinto de lo que vio, la buena foto se ha convertido en una devolución.
Etiquetas para una gama nueva
Diseñamos la línea de etiquetas de una nueva gama de conservas.
Aquí la palabra importante es línea. No es diseñar una etiqueta: es diseñar un sistema donde cada variedad se distingue de un vistazo y todas se reconocen como familia. Si cada bote va por su cuenta, en el lineal no se ve una gama; se ven productos sueltos que compiten entre sí.
Y en alimentación hay una restricción que no se negocia: la etiqueta tiene que ser legalmente correcta —ingredientes, alérgenos, pesos, lotes— sin que eso arruine el diseño. Casi todo el trabajo real está en resolver esas dos cosas a la vez.
Tienda online, en desarrollo
Es el paso lógico de todo lo anterior. Cuando ya tienes producto fotografiado, gama ordenada y etiquetas coherentes, montar la venta directa deja de ser un proyecto desde cero: ya está hecho el 80 % del trabajo que atasca una tienda online, que es tener las fichas listas.
Casi todas las tiendas que se retrasan no se retrasan por la programación. Se retrasan porque no hay fotos ni textos de producto.
Lo que se lleva de aquí un fabricante de alimentación
El orden que funciona es este: producto, imagen, marca y después venta online.
Al revés —montar la tienda y luego ver cómo se rellena— es la forma más común de tener un proyecto parado seis meses.