En Bodegas Bohórquez hicimos las dos mitades del mismo trabajo: la web y el material con el que se llena.
Y ese orden importa más de lo que parece.
El error que se comete siempre: la web primero, las fotos después
Lo habitual es encargar una web, aprobarla, y entonces darse cuenta de que no hay imágenes. Se rellena con banco de imágenes, con fotos viejas de móvil o con lo que haya en el teléfono del gerente.
El resultado es una bodega que en internet parece cualquier bodega. Justo lo contrario de lo que se quería.
Aquí se hizo al revés: primero se decidió qué había que enseñar, después se fue a grabarlo y luego se construyó la web alrededor de ese material.
Una jornada, tres formatos
- Fotografía. Piezas fijas de bodega y producto, que son las que aguantan años y se reutilizan en ficha, prensa, distribuidor y redes.
- Vídeo. El movimiento, el trabajo, el interior. Lo que da vida a una portada.
- Dron. El plano que sitúa la bodega en su terreno. Sin eso, «estamos aquí» es una frase; con eso, es una imagen.
Hacerlo en una sola jornada no es una comodidad: es la diferencia entre pagar un desplazamiento o pagar tres, y que el material tenga la misma luz y la misma coherencia en lugar de parecer un collage.
Y la web, construida sobre eso
Con material propio, la web deja de ser un folleto y pasa a ser una visita. La estructura puede apoyarse en lo que de verdad diferencia a la bodega —el sitio, el proceso, el producto— porque hay imágenes para sostener cada parte.
Y hay una consecuencia práctica: la fotografía propia también trabaja para el posicionamiento. Imágenes originales, con su nombre de archivo y su texto alternativo, en lugar de fotos que aparecen en otras cincuenta webs.
Lo que se lleva de aquí una bodega
Si vas a hacer la web, presupuesta la sesión de fotos en el mismo proyecto. No después, no «más adelante».
Una web bien hecha con imágenes de archivo vale menos que una web sencilla con imágenes tuyas.